MADRID: La tiranía del éxito
Mi hijo tiene que conseguirlo o la dictadura de lo correcto
Monday, 08 February 2010 11:48
Urs Bucher
En este texto adaptado de un artículo publicado en „Zeit Magazin“ número 32, cuyo significativo enunciado es „mi hijo tiene que conseguirlo o la dictadura de lo correcto“, Urs Bucher, director del CSM, toma como referentes a varias renombrados pedagogos para transmitirnos, entre otros aspectos, la importancia de que el niño se sienta querido, aceptado y protegido, de que las palabras que los padres le enseñen vayan acompañadas de una positiva carga emocional, el asumir que el niño no es un ser infalible, el emprender sencillas actividades en común...
Mi hijo tiene que conseguirlo o la dictadura de lo correcto
Los padres se sienten presionados, pues reina „el temor académico“.
Desde hace años aumenta el número de niños a los que se les diagnostican trastornos en la voz, al hablar, en su idioma o psíquicos, sensoriales y motores. Cada vez menos los niños aprenden a relacionarse bien con los otros; los padres son, cuanto más tiempo, más el filtro que organiza el programa (también los amigos) de sus hijos.
Niños 2009: Se trata de una vida bajo „control estatal“, en una dictadura de lo correcto. Los padres desean que sus hijos progresen. En los niños cuyos padres son inteligentes, disfrutan de éxito y sueñan con que su hijo curse una brillante carrera recae una presión que es antiproporcional a sus capacidades.
Los niños actuales son „los niños del ideal“ ; „un niño del ideal“ tiene pocos hermanos- aunque, los niños se desarrollan principalmente con el ejemplo de otros niños. Lo más duro afecta al hijo único. Sobre él recaen todas las expectativas de sus padres. Es terrible que éste tenga que responder a los ideales de sus padres en lugar de a los suyos propios, que tenga que ser una joya sin importar todo lo que haya que pulir ésta.
Remo H. Largo afirma que los padres apenas contribuyen al desarrollo de sus hijos y sostiene que la dislexia y el discálculo son variantes de la norma de la lectura y de la escritura que no responden a terapias. Lo que hoy en día falta a los niños no son terapias sino un mundo que les sea justo y relaciones que no se entablen bajo el lema del rendimiento, expresado „anticuadamente“: les falta protección, cariño.
Gerald Hüther, investigador del cerebro, explica la relevancia de un estrecha relación emocional entre padres e hijos. Los niños sólo pueden aprender bien un idioma cuando los padres están en condiciones de aportar una carga emocional a las palabras. Muchos padres no logran ofrecer ésta; entonces, a los niños sólo llega la charla superficial, lo que se ha hablado no presenta estructura ni significado para el niño. Janus Korczak, otro gran pedagogo que perdió la vida en un campo de concentración en 1942, dijo: No debemos, a causa del miedo a perderlos, proteger en exceso a los niños. Él exigía el derecho del niño a vivir el momento; debemos vigilar el tener constantemente como punto de mira su futuro. El niño tiene derecho a ser como es, en lo que incluimos también el derecho al fracaso.
La idea de que sus hijos son incapaces de hacer algo es para la mayoría de los padres un tabú. Cuanto más atractivas son todas las terapias que se aproximan a que algo puede ser reparado, más se intenta „arreglar“ al niño como si se tratara de un vehículo defectuoso.
Recibir como diagnóstico una enfermedad puede resulta altamente liberador, puesto que significa que los padres pueden modificar algo en el niño y que no han de cambiar nada de ellos mismos. A propósito, ésta es la razón por la que los psicoterapeutas, al contrario que en otras terapias, raramente son requeridos por los padres. Los psicoterapeutas infantiles también examinan a los padres.
A menudo la consola sustituye a una estrecha relación con los padres. El resultado es equiparable a falta de relación, lo cual es sinónimo siempre de que las posibilidades de desarrollo del niño sean limitadas. Su cerebro se convierte en una versión preocupante de lo que habría tenido que llegar a ser.
Ulrike Kegler es directora de un centro educativo en Potsdam;en 2007 recibió el premio centro educativo. Ella conoce a las niñas de siete años cuyo saludo es: „Tengo el síndrome ADHS“. Al escuchar tal afirmación, Kleger replica: „¿Qué?Tus rizos son bonitos, tus ojos son azules y llevas una preciosa camiseta“. A continuación, hace que la niña dé una vuelta por el colegio y se queda a solas con sus padres para preguntar: ¿Son ustedes unas personas tranquilas?, ¿cómo transcurre su vida cotidiana?, ¿con qué frecuencia comen juntos?, ¿cómo pasan las vacaciones?.
Algo increíble sucede cuando el diágnostico de ADHS deja de ser el punto de mira, cuando a los niños se les ofrecen estímulos acordes con sus capacidades, cuando los padres apoyan el aceptar a su hijo tal y como es.
En lugar de que el niño vaya primero a deporte, luego a un curso de música como terapia para concluir invitando a 25 niños a su cumpleaños, pueden Ustedes, estimados lectores, tomar en consideración la lista de adecuadas actividades diarias que propone la Señora Kegler.
. Leer algo en voz alta
. Cocinar juntos
. Escalar una montaña
. Jugar al balón
. Poner todo en su lugar juntos
. Estar sin hacer nada, también juntos
De alguna manera, nosotros, los adultos, hemos olvidado algo muy sencillo: lo que desean los niños es jugar. Tal vez deberíamos, como variedad, dejar que lo hicieran. Y, si es preciso, acudir nosotros mismos al terapeuta.
Urs Bucher